Jefe: Hace 53 años a la hora que escribo estas líneas, poco más de las siete de la tarde, me imagino que estarías hecho un mar de nervios. Y no era para menos; la vieja no acertaba a parirme y yo corría peligro. Yo sé lo que es eso de esperar la llegada del primogénito, que puede ser una primogénita como en mi caso. El caso es que desde temprano en la mañana de aquel segundo lunes de julio comenzó el corre-corre. Primero a Cruces con el doctor Mantecón. Allí no pudo ser y vinieron hasta Palmira. Al parecer me salvó el hecho de que Nano Hernández, tío de la vieja, fuera sargento político y consiguiera el ingreso en el Hospital Civil, el edificio de los anchos muros decimonónicos que dos años después demolieron. Me trajo al mundo, con ayuda de fórceps, un ginecólogo a quien sólo recordabas como El Manquito.
La historia la reviviste en la sala de Oncohematología una mañana de fines de mayo, que te dio por estar hablador, y yo aunque me la sabía quería escucharla una vez más. En la certeza de que sería la última.
Hoy hubiera ido a la casa a que me dieras uno de esos largos abrazos con que aprendiste a apretarme en los últimos años.
Estoy convencido de que siempre lo supiste, pero para que quede en blanco y negro, hoy que cumplo 53 y según la definición de mi amigo Luis Sexto sólo hace un mes y cinco días que soy adulto: TE QUIERO MUCHO, VIEJO.
Mostrando entradas con la etiqueta memoria. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta memoria. Mostrar todas las entradas
jueves, 8 de julio de 2010
martes, 29 de junio de 2010
Una caja de tabacos Hoyo de Monterrey
Jefe, fui a Santa Clara invitado por un amigo y colega habanero del que uno de estos días te hablaré. En todo cuanto hago aparece un recuerdo tuyo. A mí nunca me ha gustado Santa Clara. Un escritor santaclareño que conocí hace como un año y ama a su tierra lamenta que su ciudad carezca de mar y que Martí nunca pusiera un pie en ella.
Bueno, a lo que iba, a los viajes de mi memoria que siempre terminan encontrando algo tuyo, por lejos que esté.
Yo tenía ocho años recién cumplidos y en Santa Clara celebraron el acto nacional por el 26 de Julio. Cuando aquello no había estas emulaciones de ahora. Le daban el acto a una provincia y ya. Parece que entonces “la sede” tuvo que ver con el fin de los alzados en el Escambray. El caso es que fuiste a la antigua capital provincial y regresaste al día siguiente que era el de tu cumpleaños 46. Nos contaste que fueron en unos vagones de transporte de caña habilitados para la ocasión. Y trajiste contigo una caja de tabacos de exportación de la marca Hoyo de Monterrey. Seguro que había una buena oferta como decimos ahora y preferiste traerle aquel regalo a tu padre, el viejo cascarrabias que era mi abuelo José. Entre las cosas que comenzaban a escasear estaba la fuma.
Yo aún recuerdo aquella cajita de madera y sus preciosas litografías en colores brillantes. Lo más probable que fuera la primera vez que veía una. Pero sobre todo te recuerdo a ti, Viejo, aunque el motivo tuviera que ver con un viaje a una ciudad a la cual también le reprocho su divorcio con el mar.
Bueno, a lo que iba, a los viajes de mi memoria que siempre terminan encontrando algo tuyo, por lejos que esté.
Yo tenía ocho años recién cumplidos y en Santa Clara celebraron el acto nacional por el 26 de Julio. Cuando aquello no había estas emulaciones de ahora. Le daban el acto a una provincia y ya. Parece que entonces “la sede” tuvo que ver con el fin de los alzados en el Escambray. El caso es que fuiste a la antigua capital provincial y regresaste al día siguiente que era el de tu cumpleaños 46. Nos contaste que fueron en unos vagones de transporte de caña habilitados para la ocasión. Y trajiste contigo una caja de tabacos de exportación de la marca Hoyo de Monterrey. Seguro que había una buena oferta como decimos ahora y preferiste traerle aquel regalo a tu padre, el viejo cascarrabias que era mi abuelo José. Entre las cosas que comenzaban a escasear estaba la fuma.
Yo aún recuerdo aquella cajita de madera y sus preciosas litografías en colores brillantes. Lo más probable que fuera la primera vez que veía una. Pero sobre todo te recuerdo a ti, Viejo, aunque el motivo tuviera que ver con un viaje a una ciudad a la cual también le reprocho su divorcio con el mar.
Etiquetas:
Martí,
memoria,
padre,
Santa Clara
domingo, 20 de junio de 2010
Flores y una sobremesa diferente
Jefe, hoy Angelito y Cary te llevaron flores. Uno de mis amigos habaneros (tengo pendiente hablarte luego de ellos) me telefoneó para felicitarme. Por buen hijo, quiso como excusarse porque pensó tal vez que yo no estaba para celebraciones. El diálogo me dejó pensando qué soy mejor: hijo o padre. Luego me pasé el resto de la tarde viendo el fútbol del Mundial, con la pequeña alegría agregada de triunfo de Brasil. No sé viejo, siguen sin gustarme los días de. Y a estas alturas ya no tiene remedio.
En la sobremesa recordé que tres domingos atrás a esa misma hora te senté en la cama para que vieras Palmas y Cañas, completito, con su pésima animación y todo. Después viste el inicio del Noticiero y me pediste que te acostara.
Siempre he dicho que la mesa es para hablar de cosas agradables. Hoy, sin saber cómo ni por qué, narré los detalles de los minutos que precedieron al mediodía exacto del aquel jueves. A lo mejor, quién sabe si me saqué un miligramo de dolor en cada sílaba.
En la sobremesa recordé que tres domingos atrás a esa misma hora te senté en la cama para que vieras Palmas y Cañas, completito, con su pésima animación y todo. Después viste el inicio del Noticiero y me pediste que te acostara.
Siempre he dicho que la mesa es para hablar de cosas agradables. Hoy, sin saber cómo ni por qué, narré los detalles de los minutos que precedieron al mediodía exacto del aquel jueves. A lo mejor, quién sabe si me saqué un miligramo de dolor en cada sílaba.
viernes, 18 de junio de 2010
Ausencias cercanas
Jefe, pensaba decirte otras cosas, pero al final decidí hablarte de dos ausencias cercanas a la tuya. Matías y José.
A Matiítas Falcón lo despidieron ayer en Palmira con controversias de octosílabos. Con décimas improvisadas, quise decir. Hace como par de años el hijo se lo había traído de La Rosita y vivía en la última cuadra del Bulevard de Cienfuegos. Casi a diario me lo encontraba por las tardes sentado en un banco de granito, como si extrañara la yerba húmeda o la línea del ferrocarril que pasaba por el patio de su casa. Durante los últimos meses siempre me paraba para preguntarme por ti. Pero, primero con tu ingreso, y luego sabe Dios por qué, había dejado de verlo. Se fue un jueves como tú. Sólo dos jueves más tarde.
Ahora abro Internet y me entero que José tampoco está ya. A ese seguro que no lo conocías. Yo sabía quien era. Sólo eso. Uno de los tipos que mejor llenaba de letras una página en blanco. Fue pobre como nosotros, viejo, y cuando la fama le permitió vivir de rico, siguió defendiendo a los pobres. No creía en Dios, pero bueno, hay que respetar la libertad de pensamiento, ¿verdad?. También estuvo en manos de hematólogos los últimos tiempos y en estos días de junio ya casi no hablaba, pero reía bastante.
Por si te dice algo, el apellido era Saramago y en 1998 le dieron el premio que millones de escribientes en este mundo sabemos imposible.
A Matiítas Falcón lo despidieron ayer en Palmira con controversias de octosílabos. Con décimas improvisadas, quise decir. Hace como par de años el hijo se lo había traído de La Rosita y vivía en la última cuadra del Bulevard de Cienfuegos. Casi a diario me lo encontraba por las tardes sentado en un banco de granito, como si extrañara la yerba húmeda o la línea del ferrocarril que pasaba por el patio de su casa. Durante los últimos meses siempre me paraba para preguntarme por ti. Pero, primero con tu ingreso, y luego sabe Dios por qué, había dejado de verlo. Se fue un jueves como tú. Sólo dos jueves más tarde.
Ahora abro Internet y me entero que José tampoco está ya. A ese seguro que no lo conocías. Yo sabía quien era. Sólo eso. Uno de los tipos que mejor llenaba de letras una página en blanco. Fue pobre como nosotros, viejo, y cuando la fama le permitió vivir de rico, siguió defendiendo a los pobres. No creía en Dios, pero bueno, hay que respetar la libertad de pensamiento, ¿verdad?. También estuvo en manos de hematólogos los últimos tiempos y en estos días de junio ya casi no hablaba, pero reía bastante.
Por si te dice algo, el apellido era Saramago y en 1998 le dieron el premio que millones de escribientes en este mundo sabemos imposible.
domingo, 13 de junio de 2010
Carta al Jefe (IV)
Jefe, segundo domingo que entro a la casa con la intención de comenzar a conocer que es la ausencia y me voy como mismo llegué.
Cuánto hubiera dado por que cuando estuviera llegando la hora de coger la mochila me preguntaras con toda la humildad del mundo si aún me daba tiempo de tirarte tu afeitadita. Y como duele, coño, pensar qué alguna vez te dije que ya estaba contra reloj.
Hoy fue la vieja quien a media tarde recordó lo de colar un cafecito. No sé por qué escribo colar, si hace mil años que los coladores sólo existen en la memoria. Sobró media cafeterita, viejo. Bueno, ya desde abril cuando la endoscopia descubrió la úlcera, también el café entró en la lista de tus prohibiciones. Una mañanita en los finales del fin Angelito te dejó que te mojaras los labios.
La siempreviva está bonita. Le tienen la tierra bien mojada. Ya te imaginarás quien la riega. Quiero suponer que estamos pensando en la misma persona.
Cuánto hubiera dado por que cuando estuviera llegando la hora de coger la mochila me preguntaras con toda la humildad del mundo si aún me daba tiempo de tirarte tu afeitadita. Y como duele, coño, pensar qué alguna vez te dije que ya estaba contra reloj.
Hoy fue la vieja quien a media tarde recordó lo de colar un cafecito. No sé por qué escribo colar, si hace mil años que los coladores sólo existen en la memoria. Sobró media cafeterita, viejo. Bueno, ya desde abril cuando la endoscopia descubrió la úlcera, también el café entró en la lista de tus prohibiciones. Una mañanita en los finales del fin Angelito te dejó que te mojaras los labios.
La siempreviva está bonita. Le tienen la tierra bien mojada. Ya te imaginarás quien la riega. Quiero suponer que estamos pensando en la misma persona.
jueves, 10 de junio de 2010
Carta al Jefe (II)
Jefe: Hoy es jueves como el día que ya no pudiste seguir. A la hora justa del mediodía hará una semana exacta. Como si hubieras querido irte con un baño de luz de junio.
Pasan los días por el almanaque y por mi mente prosigue el desfile interminable, como un torbellino, de imágenes y recuerdos. Sobre todo de esos 28 días y una hora que permaneciste en el “Aldereguía”.
Ayer como te dije fui a darle una vuelta a la vieja. Sigue con los achaques de siempre, los que te sabes de memoria, pero fuerte para las circunstancias recientes. Aunque con otras palabras, dice que se vistió con una coraza, para que nosotros tres sufriéramos menos. Y tiene razón, porque haberla visto derrumbada a ella, hubiera multiplicado el dolor.
Ahora se acuesta en la mitad de la cama que siempre te perteneció. Está orgullosa de cómo la mima Alejandro.
Al final de la tarde cayó al fin tremendo aguacero. Me hubiera gustado que estuvieras para evaluarlo en su magnitud. Porque para ti nunca eran suficientemente grandes los chaparrones cuando la tierra tiene tanta sed.
Como era de esperar la siempreviva prendió en la palanganita azul.
Pasan los días por el almanaque y por mi mente prosigue el desfile interminable, como un torbellino, de imágenes y recuerdos. Sobre todo de esos 28 días y una hora que permaneciste en el “Aldereguía”.
Ayer como te dije fui a darle una vuelta a la vieja. Sigue con los achaques de siempre, los que te sabes de memoria, pero fuerte para las circunstancias recientes. Aunque con otras palabras, dice que se vistió con una coraza, para que nosotros tres sufriéramos menos. Y tiene razón, porque haberla visto derrumbada a ella, hubiera multiplicado el dolor.
Ahora se acuesta en la mitad de la cama que siempre te perteneció. Está orgullosa de cómo la mima Alejandro.
Al final de la tarde cayó al fin tremendo aguacero. Me hubiera gustado que estuvieras para evaluarlo en su magnitud. Porque para ti nunca eran suficientemente grandes los chaparrones cuando la tierra tiene tanta sed.
Como era de esperar la siempreviva prendió en la palanganita azul.
martes, 8 de junio de 2010
Una introducción que podría ser necesaria
Sigo aferrado a la idea. En estos tiempos de sobresaturación informativa un blog personal es lo que un grano de arena en el paisaje ondulante del Sahara. Más éste que pretende ser personalísimo. Intimista más bien. Lo concebí en las horas de dolor subsiguientes a la partida de mi padre, como una forma de seguir comunicándome con él, allá dondequiera que habite ahora. Tender en el espacio infinito algo que se me quedara por decirle, al menos con palabras, y contarle cuán difícil resulta la adaptación a la ausencia. Por eso es preciso ponerle trampas al olvido y en estos mensajes, viajeros del éter, creo haber encontrado la fórmula del diálogo. En algún punto de sus órbitas coincidirán contigo, viejo, y será como si estuvieras leyendo el periódico que aún me reclamabas en la cama del hospital.
Blog, bitácora, página personal o como quieran llamarle, este que estreno cinco días después de haberte cerrado los ojos tiene la humilde aspiración de que, además de ti por supuesto, lo lean mis amigos y los que me quieren bien. Si alguien más lo encuentra por casualidad en la inmensidad de ese océano de arena y quiere dedicarle un minuto de atención, bienvenido sea también. Aquí desgranaré mis sentimientos, los recuerdos comunes y las noticias por venir como si fueran los granos de una mazorca de maíz, el día antes de la siembra de primavera.
Por supuesto que para los lectores-destinatarios arriba mencionados resulta obvia la presentación, pero si este mensaje, sin la barriga de la botella ni el concurso de las olas, pero con la misma suerte del hallazgo, llegara a ser pasto de otras lecturas, aquí le van algunas señas del bloguero intimista: Me gano el pan como periodista, pero le he cogido el gusto a fabular con la vida de gente ficticia. Lo cual no significa que me crea novelista, aunque recién gocé la publicación de una y por estas fechas intente dar las puntadas que le faltan a otra. Y tenga como tres esbozos narrativos más cociéndose en el horno de neuronas utilizables después del sufrimiento. Milito en la causa de los que tienen menos, de los que tienen poco o de los que no tienen nada. Me refiero a propiedades materiales, porque por lo general esos seres son verdaderos magnates en bienes del espíritu. Creo en Dios y en el mejoramiento humano. Podría invertir los términos y el producto moral seguiría siendo el mismo. Fuera un iconoclasta total de no ser por Jesús de Nazaret. Me complace contar con la amistad de ateos y religiosos de cualquier manifestación y de abstemios y empinadores de los codos. Respeto la inclinación sexual de cada quien, aunque viva el orgullo de la heterosexualidad. Abogo por el diálogo desde el ínfimo ámbito del hogar hasta el universo vertical de la ONU. Celebro de todo corazón a quienes les asiste el don de saber escuchar al interlocutor antes de lanzarse a la trifulca de la réplica y al “estás equivocado”. Y aprecio a las personas que te miran a los ojos mientras las palabras cruzan sus espadas verbales en un duelo, que ojalá siempre fuera deportivo y en la arena de la inteligencia.
El bautizo de este blog, si no en las aguas del Jordán al menos en las de la cordialidad entre los hombres, tiene que ver con por lo menos tres acepciones bélicas del vocablo campaña, según el diccionario de la Real Academia Española. A este planeta además de oxígeno puro y aguas cristalinas la hace falta respirar y beber paz. La hora de enterrar el hacha de todas las guerras no puede demorar un segundo más. A los sabios indios de la América septentrional pidámosle prestadas millones de pipas de la paz. Y fumemos todos sin miedo a jodernos los pulmones.
Francisco G. Navarro. Cienfuegos, Cuba, 8 de junio de 2010.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
