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viernes, 18 de junio de 2010

Ausencias cercanas

Jefe, pensaba decirte otras cosas, pero al final decidí hablarte de dos ausencias cercanas a la tuya. Matías y José.


A Matiítas Falcón lo despidieron ayer en Palmira con controversias de octosílabos. Con décimas improvisadas, quise decir. Hace como par de años el hijo se lo había traído de La Rosita y vivía en la última cuadra del Bulevard de Cienfuegos. Casi a diario me lo encontraba por las tardes sentado en un banco de granito, como si extrañara la yerba húmeda o la línea del ferrocarril que pasaba por el patio de su casa. Durante los últimos meses siempre me paraba para preguntarme por ti. Pero, primero con tu ingreso, y luego sabe Dios por qué, había dejado de verlo. Se fue un jueves como tú. Sólo dos jueves más tarde.

Ahora abro Internet y me entero que José tampoco está ya. A ese seguro que no lo conocías. Yo sabía quien era. Sólo eso. Uno de los tipos que mejor llenaba de letras una página en blanco. Fue pobre como nosotros, viejo, y cuando la fama le permitió vivir de rico, siguió defendiendo a los pobres. No creía en Dios, pero bueno, hay que respetar la libertad de pensamiento, ¿verdad?. También estuvo en manos de hematólogos los últimos tiempos y en estos días de junio ya casi no hablaba, pero reía bastante.

Por si te dice algo, el apellido era Saramago y en 1998 le dieron el premio que millones de escribientes en este mundo sabemos imposible.

domingo, 13 de junio de 2010

Carta al Jefe (IV)

Jefe, segundo domingo que entro a la casa con la intención de comenzar a conocer que es la ausencia y me voy como mismo llegué.
Cuánto hubiera dado por que cuando estuviera llegando la hora de coger la mochila me preguntaras con toda la humildad del mundo si aún me daba tiempo de tirarte tu afeitadita. Y como duele, coño, pensar qué alguna vez te dije que ya estaba contra reloj.

Hoy fue la vieja quien a media tarde recordó lo de colar un cafecito. No sé por qué escribo colar, si hace mil años que los coladores sólo existen en la memoria. Sobró media cafeterita, viejo. Bueno, ya desde abril cuando la endoscopia descubrió la úlcera, también el café entró en la lista de tus prohibiciones. Una mañanita en los finales del fin Angelito te dejó que te mojaras los labios.

La siempreviva está bonita. Le tienen la tierra bien mojada. Ya te imaginarás quien la riega. Quiero suponer que estamos pensando en la misma persona.